El Global Energy Monitor proyecta un notable aumento del 460% en la capacidad de energía solar y eólica en América Latina para 2030, con un ambicioso plan de 320 gigavatios en proyectos. Este crecimiento se respalda con iniciativas clave, como las subastas en Brasil que podrían generar hasta $14 mil millones para la expansión de la infraestructura de transmisión de energía. Además, la región se posiciona como un potencial productor de hidrógeno verde, con aproximadamente el 25% de todos los proyectos globales. Chile, en particular, busca liderar la producción de hidrógeno, aspirando a ser el productor más económico del mundo para 2030 y uno de los principales exportadores para 2040.
La región también destaca en innovación financiera climática. Chile y Uruguay han emitido bonos con tasas de interés reducidas vinculadas al cumplimiento de objetivos sostenibles. En un hito importante, Ecuador llevó a cabo el mayor canje de deuda por naturaleza en 2023, destinando los fondos resultantes a la protección de las Islas Galápagos. Asimismo, se espera que Brasil emita bonos sostenibles por alrededor de $2 mil millones en 2024, consolidando la tendencia de financiamiento climático en la región.
A pesar de estos avances, la transición hacia energías renovables no está exenta de desafíos. Los esfuerzos para prohibir la perforación de petróleo en la Amazonía ecuatoriana, aunque alineados con objetivos ambientales, podrían acarrear una pérdida sustancial de ingresos para el país, dada su dependencia histórica de los combustibles fósiles. Además, líderes como el presidente colombiano Gustavo Petro están comprometidos a poner fin a la exploración de petróleo, señalando la necesidad de superar la resistencia arraigada en las economías basadas en combustibles fósiles.
La región se enfrenta a la tarea de trasladarse de la extracción de materias primas a la fabricación de tecnologías verdes. Este cambio implica desafíos significativos, tanto en inversión como en expertise. La generación de prosperidad generalizada a partir de esta transición también se presenta como un reto, ya que antiguas dependencias económicas pueden persistir.

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