Panamá es un país localizado estratégicamente con acceso al mar Caribe (por el norte) y al Océano Pacífico (por el sur). Además, está catalogado entre los países más lluviosos del mundo (en promedio llueve 2,465 mm al año), y esas lluvias son las que han permitido que hoy pueda contar con cerca de 75% de energía renovable en su matriz de generación eléctrica (el 2020), principalmente hidroeléctrica.
Actualmente, está por encima del promedio en la región en cuanto al uso de energías renovables para la generación eléctrica (69% en los últimos cuatro años, en promedio, versus 58% en la región). Como parte del compromiso de continuar con el apoyo a la energía renovable, Panamá anunció en la COP26 su adhesión a la iniciativa “Renovables en América Latina y el Caribe” (RELAC), proponiendo mantener, mínimamente, en 70,4% la participación de energías renovables al 2030.
Como podemos observar este país ha adoptado el compromiso de seguir siendo un territorio con una matriz eléctrica verde. Por eso, han adquirido el desafío de disminuir la importación y uso de combustibles fósiles en su matriz energética. Tarea que requiere garantizar, al mismo tiempo, la seguridad energética, la asequibilidad, y la confiabilidad del suministro.
Los beneficios de las renovables no son solo ambientales, como la reducción de emisiones de CO₂ y de contaminación local, sino también económicos. Pues la ENGED (Estrategia Nacional de Generación Distribuida) estima que la generación distribuida podrá contribuir a la creación de más de tres mil nuevos empleos al 2030 en el sector de generación de electricidad.
Finalmente, notamos que en su agenda de transición energética apuntan a incrementar el uso de la electricidad en vehículos particulares, el transporte público de autobuses, y motocicletas, además de la expansión de la red del metro (eléctrico) y el transporte de pasajeros por tren. Próximamente, veremos los avances de sus proyectos.
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