
Un aeropuerto es, a la vez, el edificio más visitado por desconocidos de una ciudad y el lugar de trabajo de miles de personas que operan en turnos rotativos las 24 horas del día — control de tráfico, seguridad, aerolíneas, personal de limpieza y comercio. Desde la pandemia, los pasajeros asocian de forma consciente la calidad del aire de una terminal con su propia salud, y varios aeropuertos internacionales, como el de Vancouver y el de Pittsburgh, ya obtuvieron certificaciones WELL o WELL Health-Safety para responder a esa expectativa de forma verificable, no solo con un protocolo de limpieza visible. Para el personal que trabaja ahí, el desafío es distinto pero igual de real: turnos nocturnos bajo luz artificial constante alteran los ritmos circadianos, y la proximidad a pistas y zonas de combustible expone a los trabajadores a contaminantes que rara vez se monitorean con el mismo rigor que en una oficina corporativa. WELL certifica ambas realidades a la vez — la experiencia del pasajero y la salud del trabajador aeroportuario — con pruebas de desempeño reales en las áreas donde ambos coinciden.
Diagnóstico por zona operativa: evaluamos por separado las áreas de pasajeros, las zonas de trabajo administrativo y las áreas operativas de pista y mantenimiento, cada una con exposiciones y requisitos distintos frente a WELL v2.
Estrategia por concepto: priorizamos Aire, Luz y Mente para las áreas de pasajeros y personal de oficina, y protocolos específicos de exposición a contaminantes para el personal de pista y mantenimiento.
Verificación de desempeño en sitio: coordinamos las pruebas físicas de calidad de aire y agua que un asesor de desempeño acreditado por IWBI realiza en terminales, oficinas administrativas y zonas operativas antes de la certificación.
Certificación GBCI y recertificación trienal: gestionamos la emisión del sello y el ciclo de recertificación cada tres años, relevante en una infraestructura que opera de forma continua y donde el desempeño debe sostenerse, no solo alcanzarse una vez.
Las tarifas de IWBI se calculan por rango de área construida, sumadas al costo de la verificación de desempeño en sitio —pruebas físicas de calidad de aire y agua— exclusiva de WELL. En una infraestructura aeroportuaria, el alcance del proyecto (terminal completa, áreas de pasajeros, oficinas administrativas) determina significativamente el costo total, por lo que Leaf recomienda definir el alcance en la etapa de diagnóstico. El proceso completo toma entre 14 y 22 meses desde el registro, un plazo mayor al de otros tipos de edificio por la complejidad operativa de coordinar pruebas de desempeño en una instalación que opera 24/7, y exige recertificación cada tres años.

Aeropuertos internacionales como el de Vancouver y el de Pittsburgh ya obtuvieron certificaciones WELL o WELL Health-Safety Rating, una vía más ágil del estándar enfocada en protocolos operativos de salud y seguridad, que se puede complementar con la certificación completa de WELL para áreas específicas de la terminal.

Puede aplicarse a la terminal completa o a áreas específicas como zonas de espera, oficinas administrativas o áreas comerciales, dependiendo del alcance que defina el operador aeroportuario. Las áreas operativas de pista con exposiciones particulares se evalúan con protocolos adaptados dentro del mismo proceso.

WELL exige estrategias de iluminación circadiana —luz que cambia de intensidad y temperatura de color según la hora— diseñadas para reducir el impacto de los turnos nocturnos rotativos en el ritmo biológico del personal de control de tráfico, seguridad y operaciones.
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